Si Dios te ha dado un sueño, él te dará la provisión para aquello que él te ha dicho que tú vas a hacer.
En el libro de Habacuc, a través de la historia de Nehemías, vemos que Dios le había dicho que él reconstruiría las murallas, por lo que Dios tenía que proveer para que él pudiera hacerlo, y así lo hizo el Señor, dándole cartas a Nehemías que franquearan la obra que él le había encomendado.
Dios no te va a dar sueños sin él poner aquellas cosas que van a financiarlos.
En Génesis 15:12 en adelante, Dios le dice a Abraham que su descendencia sería esclava, pero cuando saliera, saldría con gran riqueza.
Hay dos maneras de salir de un problema: mejor, o peor. Y la marca de que fue Dios quien te sacó de un problema, es que cuando es Dios quien te saca de un problema tú sales siempre mejor que como entraste.
La crisis va a acabar. La pregunta es ¿cómo tú vas a salir? Del problema en el que estás, debes proponerte salir mejor que como entraste.
Exodo 2:24 dice que oyó Dios el gemido de ellos y se acordó del pacto que hizo con Abraham. Dios siempre se ha acordado del pacto que tiene con nosotros. Los que a menudo no recordamos la promesa somos nosotros.
Salmos 78, dice que Dios mandó que los padres contaran a sus hijos las maravillas que había hecho Dios con tres propósitos: que pusieran su confianza en Dios; que no se olviden de las obras de Dios; y que guarden sus mandamientos.
Una generación que no guarda los mandamientos de Jehová es una generación que no tiene su confianza puesta en Dios, porque no recuerda sus obras. ¿Quieres que la próxima generación guarde los mandamientos de Jehová? Tienes que contarle las maravillas de Dios, para que pongan en él su confianza, y guarden sus mandamientos.
Si no hay alguien que le cuente a la próxima generación lo que Dios hizo en el desierto, lo que Dios puede hacer en el desierto, entonces la próxima generación no va a tener confianza en Dios, se va a olvidar de Dios, y no va a guardar sus mandamientos.
Los responsables de que las generaciones se pierdan somos aquellos que hemos vivido en el desierto y no les contamos lo que Dios hizo en el desierto, sino que nos quejamos del desierto que hemos vivido.
La razón por la que los jóvenes se pierden es porque sus padres se han vuelto rebeldes, no con el Dios que ha caminado con ellos en el desierto, sino por el desierto mismo. Y no le han contado a las generaciones lo que Dios es capaz de hacer. Entonces las generaciones nuevas lo que están pensando es: ¿podrá Dios poner mesa en el desierto?
Entonces tenemos una generación que no confía, que se ha olvidado de Dios, y que no guarda los mandamientos, pero los culpables son los que no anuncian lo que Dios hizo en el desierto, porque lo que tenemos es un montón de gente quejándose por estar en el desierto, en vez de anunciarle a la gente lo que Dios hizo en el desierto.
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