¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Lucas 6:46
Este verso bíblico se desarrolla en medio del sermón del monte. Jesús, en medio de sus enseñanzas lanza una pregunta aguda a sus recién convertidos discipulos.
La pregunta en este día es a quien clamamos en medio de nuestra angustia y nuestra aflicción, a un amigo, a un hermano, a un familiar, a una pared, al piso, a la cama, con quién contamos en nuestros momentos de dificultad. Queremos recibir soluciones sin contar con aquel que nos dijo "vengan a mi los que están cansados y tribulados que yo los haré descansar". El precio de alejarnos de Jesús se ve reflejado cuando pensamos que no tenemos a quien no recurrir.
La parte más impactante, es que muchos de nosotros no recurrimos a nuestro Salvador, porque pensamos que estamos tan lejos de Él, que nuestra desobediencia ha sido tanta que no merecemos ni un ápice de misericordia. Hoy es un buen día para corregir el camino, para poner nuestras cosas en orden con Dios, no importa nuestro problema, nuestra queja o nuestra falla, nuestro Padre Celestial esta dispuesto a escucharnos, perdonarnos y recibirnos en su corazón.
Una sola condición se nos exige hacer lo que Dios nos dice en su palabra para que las puertas de los cielos sean abiertas para nosotros.
En unos segundos te invito a que nos pongamos de rodillas ante nuestro Señor y le digamos:
"Señor Jesús, reconozco que te necesito, que no he obedecido tus palabras, entra en mi vida y toma tu todo el control sobre lo que hago, digo y pienso" Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario